Hay en el nombre la capacidad de la ubicuidad. La capacidad de estar en éste, el mundo natural, el real y en el mundo superficial, el inventado. Es una invención nacida del deseo de ser lo que no se es, del temor de ser lo que se debe ser. Es entonces temerario el habitante del mundo real-que se hace así mismo-, y temeroso el cobarde del mundo inventado, que necesita de fantasías para afrontar la dureza de la vida. ¿Es este problema de "modos de ser" consecuencia de la ignorancia humana? Creo que esta pregunta cae dentro del terreno de la ciencia: del conocimiento del hombre, de su verdad. La verdad sobre el por qué de una carencia de firmeza de personalidad y la verdad de la razón por la que se imponen modelos arquetípicos que terminan siendo plausibles a los ojos de quienes no han encontrado en la duda, el mejor método para esapar de los estereotipos.
Aparece entonces la duda como elemento aglutinador de los conceptos ciencia y conocimiento. Pero el conocimiento de sí mismo no se constituye únicamente de estos modos de ser. No hay que dejar de lado la presencia del hombre en los mundos mencionados líneas antes y detenerse en la forma como estos influyen en él. Y detenerse en esta influencia no es otra cosa que darle cabida a los llamados Dogmas científicos y analizar su injerencia en la concepción de lo que nos rodea. De ahí que este texto trate del hombre como su propio objeto de estudio en la ciencia y del conocimiento de sí mismo a partir de la duda.
El hombre presenta una dualidad actitudinal. Por un lado es curioso, o como lo diría el licenciado en literatura Fernando Vásquez Rodríguez en su texto "Más allá del ver está el mirar", es un mirón¹. Por otro lado, es un observador, analista de su entorno, o mejor aún, un mirador¹. Y es esta última la relación que guarda el ser humano con la naturaleza: una relación de análisis, de indagación, de intervención en los fenómenos que en ella son intrínsecos. Pero, ¿Cómo puede el hombre desarrollar sus facultades en el conocimiento de la ciencia si no descubre las suyas? Esto es, ¿Cómo hablar de ciencia, de lo que el hombre es capaz de hacer por la naturaleza, si no se habla de lo que es capaz de hacer para sí mismo? El hombre es a la naturaleza como el sembrado a la cosecha, porque no puede obtener información de lo que es ajeno a él si no indaga, desde Leibniz, su propia substancia.
Si el hombre ya ha descubierto sus capacidades y limitaciones, entonces ahora puede proyectarse en el conocimiento de la naturaleza. No obstante, existe un nuevo obstáculo para esta realización cósmica: los libros. Porque en ellos se encierra la posibilidad de hacer ciencia desde lo natural. Los libros, o más bien sus autores, propulsores de estas proposiciones de la naturaleza consideradas verdades absolutas (los llamados Dogmas), no dan cabida a la duda. ¿Qué funcionalidad tiene entonces conocer lo que ya fue conocido por otros? ¿Hay en la lectura construcción natural de conocimiento? Quizás, en aquellos textos en los que se da espacio a las consideraciones del lector, pero aún así sigue habiendo limitaciones en el planteamiento de argumentos de contraparte. Leo y me gusta leer. Aún más aquellas lecturas que son volitivas, porque no siento la presión de entender e interpretar un texto como el autor quiere que yo lo haga. En aquellas lecturas que son a voluntad me gusta encontrarme con un debate: uno entre el autor y yo, entre lo que el propone y lo que para mí son discursos de gran retórica y genialidad incomparables. Desde Montaigne, en su ensayo De los libros: La lectura no puede convertirse en el alojamiento memorístico de ideas ajenas, que de puro grandilocuentes terminan despojándonos de nuestro criterio y capacidad para construir criterio y juicio². Es decir, ¿Por qué asumir como verdades absolutas lo que, en su momento, fueron ideas ingeniosas de pensadores que se dieron a la tarea de explicar el aún hermético mundo de la naturaleza y redujeron estas verdades a líneas escritas? ¿Acaso no son estas, concepciones mundanas, consecuencia de razonamientos humanos y, por tanto, próximos al error? Pero aclaro: los dogmas no son violaciones a nuestra capacidad intelectual. Es conveniente no adjudicar un drama superfluo a estos elementos.
En realidad existen dogmas que parecen poco prácticos de revisar. Me refiero a aquellos que vemos en acción en la cotidianidad y cuya verificación no parece tener cambios drásticos en el día a día. Por ejemplo, Isaac Newton formuló tres leyes del movimiento que constituyen la base de la mecánica clásica. ¿Valdría la pena evaluar qué tan certero fue Newon en sus apreciaciones? Aún estando equivocado, ¿Nos moveríamos de manera inercial? (en el caso de la primera ley: Ley de la inercia) , ¿Flotarían nuestros cuerpos? (en el caso de la segunda ley: Ley de proporcionalidad de fuerza y aceleración), ¿Dejarían de funcionar los helicópteros? (en el caso de la tercera ley: Ley de las fuerzas opuestas). El hombre debe dirigir sus facultades intelectuales hacia lo que escapa a sus sentidos, hacia lo que le produce fascinación y curiosidad. Creo que cada uno de nosotros debe esforzarse por vencer su inherente condición de ignorancia.
El ser humano es la ciencia de la incertidumbre: es la perpetua incertidumbre científica. Es constructor del conocimiento de sí mismo y del conocimiento del entorno que lo acoge, lo seduce y lo desafía, a partir de una loable actitud dudosa. El hombre es el resultado de su propio proceso cognitivo.
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1. Más allá del ver está el mirar. VÁSQUEZ RODRÍGUEZ, RODRIGO.
2. De los libros. DE MONTAIGNE, MICHEL EYQUEEM.
miércoles 19 de agosto de 2009
lunes 2 de febrero de 2009
CIUDAD UTÓPICA: REALIDAD DE UNA CIUDAD EN FRÍO.
Las ciudades son espacios sociales, centros de la urbanización, de la civilización. De acuerdo al texto de Simon Parker, "Urban Theory: Encountering the city", el concepto de ciudad se define como la integración de la economía, la identidad social y política y el conflicto territorial. Se define como un espacio que requiere de innovación y creatividad para que pueda ser parte de una sociedad globalizada. Al hablar de ciudad, se hace referencia, indistintamente, al espacio geográfico, lo físico, lo inmutable, y a lo que representa, lo simbólico, lo mutable. Y es a este nivel que la Teoría Urbana y toda disciplina citadina pierde la exclusividad sobre el tema “ciudad”. Se habla de una construcción recíproca: De la ciudad construida por sus habitantes, del habitante creado por su ciudad. ¿Acaso existirían ciudades de ladrillo y piedra sin padres de carne y hueso? Quizás. La parte física, cuando más. ¿Qué hay de la constituyente simbólica? Las ciudades son platónicas: de alma inmortal y cuerpos perecederos. Las ciudades necesitan ser pensadas, idealizadas, soñadas; es un juego de deidad.
El habitante, el jugador.
El ciudadano es, ante todo, un jugador. Un jugador que eterniza la ciudad, en el juego de la divergencia ciudadana, de la hegemonía citadina. Pero esta idealización de “La” ciudad no es una identidad en sí misma, porque no es el resultado de un proceso consensual de una ciudad construida por sus habitantes. La realidad está constituida por la heterogeneidad de ideales, sueños, percepciones, expectativas, amores, desamores, esperanza y resignación, que intentan coexistir en el espacio de “La” ciudad. No es un problema de artículos. Es, más bien, un problema de articulación humana, de convergencia ideológica.Las utopías son proyectos irrealizables, son creaciones del pensamiento. Como el escritor que abre su ventana y logra observar sus propias desgracias y virtudes. El escritor plasma en el papel los diálogos entre sus ángeles y demonios: Es una batalla dialéctica, una resurrección de lo irreal, de la imaginación. El habitante es un escritor, un novelista, inventor de personajes para ciudad. Cada habitante es un pensamiento, una novela distinta. De ahí que existan tantas ciudades como habitantes. Cali es, entonces, una porción de tierra ubicada en el sudoeste de Colombia, pero es el compendio de muchas ciudades inventadas, de muchas ciudades utópicas.
La idea de las llamadas ciudades utópicas no se configura como una novedad más del presente siglo. La concepción de una naturaleza irreal de ciudad se remonta al siglo XVI, cuando Tomás Moro, en 1516, habla por primera vez de ciudades utópicas, al definirlas como “ciudades pensadas desde la perspectiva de sus habitantes, para sus habitantes”. Expresión matizada con sentimientos de colectividad, de inadmisible rompimiento en la conservación de la idea de ciudad utópica. Al respecto, escribe Nayibe Peña¹: “La ciudad progresista es la realización de una sociedad perfecta, habitanto el espacio perfecto […] Los espacios están abstraídos en un contexto geográfico, histórico y cultural.”² Y acota más adelante: "Los utopistas creen que la sociedad será mejor entre menos se diferencien los individuos y menos importancia tenga lo individual respecto definido a lo colectivo. Esa concepción toma forma en espacios urbanos hechos de casas idénticas con una misma dotación y amoblamiento que ocupan un lugar específico de la ciudad con respecto a otros. Imaginan ciudades ordenadas a partir de líneas rectas, ángulos y simetrías; hermosas por su estética depurada de detalles que destaca la forma elemental; atravesada por enormes espacios destinados a hacer una vida en común. En esas ciudades los edificios representativos son los del gobierno y el orden; los que simbolizaban el progreso, la ciencia, la técnica y la razón.”².En otras palabras, y equiparando al habitante con una de estas casas, ¿Existe en Cali la identidad propuesta por Peña en la formación de una ciudad utópicamente beneficiosa para la sociedad caleña? En la definición de ciudad utópica “positiva” que hace Peña en su texto “La Ciudad En La Ciencia Ficción : La Literatura Como Ilustración Y contraste de la teoría”, se hace especial énfasis en la desaparición del sentido de lo individual como requisito de sociedades progesistas. Esto es, habla de una primacía del bien general sobre el particular, del bienestar colectivo sobre el individual. Pero, ¿Se aplica en Cali este pilar característico de la doctrina Utilitarista? Los reportes estadísticos de Olivier Barbary incluídos en su proyecto de investigación “Segregación Socio-racial y percepción de discriminaciones en Cali: una encuesta sobre la población afrocolombiana” revelan la prelación- casi inexistente- que se da a estas poblaciones del pacífico Colombiano (incluyendo a Cali como centro de concentración de población negra), en temas de inversión a políticas públicas, desarrollo social y económico de estas regiones, revelan lo contrario. Este problema de segregación social en Cali es parte de la historia negra de Cali, de su precaria concepción de equidad social y de increíble omisión ciudadana. En su texto, Barbary menciona el denuncio que hicieron los pioneros en antropología De Friedmann y Arocha, ante un caso de discriminación racial que presenciaron, al notar que estos grupos sociales no son considerados siquiera como objeto de estudio. Aseguraron: “Hay una invisibilidad científica y social de la población negra y de la herencia cultural africana en la ciudad”.
Este problema de la utopía no es, esencialmente, una cuestión de racismo y de exclusión social. Es también una cuestión de padecimiento. De sentir la ciudad, de vivirla: una cuestión de posibilidades y limitaciones. Y esto habita en lo económico. Es el olor del dinero. A la pregunta realizada a un embolador sobre su visión de Cali, este asegura: “es la ciudad en la que nací, la que me da la papita y en la que me voy a morir". Suficiente para entender que la humildad no es un conformismo construido, que es en sí misma una experiencia de vida. El turno ahora era de alguien que planea, lidera y habla de plata como tema de rutina. Habla de la bolsa de valores, de la caída del dólar y de posibilidad de hacer un negocio redondo. A la pregunta, ¿Qué piensa de Cali? él responde como si se tratara de una junta directiva: “En Cali hay una economía que se mueve mucho, yo creo que así como va muchos inversionistas van a querer venir a crear empresa”. Ahora la pregunta malintencionada: ¿Qué piensa de los problemas sociales que hay en Cali?, a la que él responde como si se tratara de un reinado de belleza: “Yo creo que hay que ser más tolerantes y tratar de buscar la paz”.El embolador maneja su propia economía, su materia prima y su bolsa de valores (sus bolsillos). El empresario, por su parte, lo hace de una manera más sistemática (no por eso más interesante).¿Qué hay del poder organizador del Estado? ¿Cumple satisfactoriamente su objetivo como autoridad reguladora de recursos en la construcción de sociedades más equitativas? En Cali se invierte ente 2 y 6 millones de dólares por cada 100 millones transferidos desde la nación. Seis millones frente al mínimo de 40 millones de dólares en Medellín y 38 millones en Bogotá. Una cifra que expone, una vez más, la desidia de un Estado que no coadyuva en la formación de un Centro de Ortodoxia con ideales menos individualistas, cada vez más portentosos.
Un visionario de ciudad.
Un habitante es un escritor y Cali es su obra. Una obra que es contada a rasguños, a goteo sanguíneo, al ritmo de un cuerpo que se convierte en ciudad, en violencia, en injusticia, en sexo, en “lo que tiene al mundo al revés”. Ése es Andrés, un performer³ de 22 años, acostumbrado a estar rodeado de “pelados de mente abierta”, mostrándoles lo sensible que es el cuerpo como materia, pero lo fuerte que se convierte cuando es el orador de Cali, de la Cali asesinada.¿Utopías positivas? ¿Utopías negativas? Cali es una ciudad y punto. Una ciudad en la que se vive, en la que se habla, en la que se ríe, en la que se llora. Es cuestión de praxis. Pero la utopía ya es parte de ella, es un cáncer con el que se ha aprendido a vivir. Seguirá siendo utópica hasta que deje de estar condenada a la maldición de la inercia histórica.
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1: Socióloga, magíster Urbanismo, Universidad de los Andes..
2: Nayibe Peña, La Ciudad En La Ciencia Ficción: La Literatura Como Ilustración Y contraste de la teoría, 2000
3: Practicante del arte Performance.
El habitante, el jugador.
El ciudadano es, ante todo, un jugador. Un jugador que eterniza la ciudad, en el juego de la divergencia ciudadana, de la hegemonía citadina. Pero esta idealización de “La” ciudad no es una identidad en sí misma, porque no es el resultado de un proceso consensual de una ciudad construida por sus habitantes. La realidad está constituida por la heterogeneidad de ideales, sueños, percepciones, expectativas, amores, desamores, esperanza y resignación, que intentan coexistir en el espacio de “La” ciudad. No es un problema de artículos. Es, más bien, un problema de articulación humana, de convergencia ideológica.Las utopías son proyectos irrealizables, son creaciones del pensamiento. Como el escritor que abre su ventana y logra observar sus propias desgracias y virtudes. El escritor plasma en el papel los diálogos entre sus ángeles y demonios: Es una batalla dialéctica, una resurrección de lo irreal, de la imaginación. El habitante es un escritor, un novelista, inventor de personajes para ciudad. Cada habitante es un pensamiento, una novela distinta. De ahí que existan tantas ciudades como habitantes. Cali es, entonces, una porción de tierra ubicada en el sudoeste de Colombia, pero es el compendio de muchas ciudades inventadas, de muchas ciudades utópicas.
La idea de las llamadas ciudades utópicas no se configura como una novedad más del presente siglo. La concepción de una naturaleza irreal de ciudad se remonta al siglo XVI, cuando Tomás Moro, en 1516, habla por primera vez de ciudades utópicas, al definirlas como “ciudades pensadas desde la perspectiva de sus habitantes, para sus habitantes”. Expresión matizada con sentimientos de colectividad, de inadmisible rompimiento en la conservación de la idea de ciudad utópica. Al respecto, escribe Nayibe Peña¹: “La ciudad progresista es la realización de una sociedad perfecta, habitanto el espacio perfecto […] Los espacios están abstraídos en un contexto geográfico, histórico y cultural.”² Y acota más adelante: "Los utopistas creen que la sociedad será mejor entre menos se diferencien los individuos y menos importancia tenga lo individual respecto definido a lo colectivo. Esa concepción toma forma en espacios urbanos hechos de casas idénticas con una misma dotación y amoblamiento que ocupan un lugar específico de la ciudad con respecto a otros. Imaginan ciudades ordenadas a partir de líneas rectas, ángulos y simetrías; hermosas por su estética depurada de detalles que destaca la forma elemental; atravesada por enormes espacios destinados a hacer una vida en común. En esas ciudades los edificios representativos son los del gobierno y el orden; los que simbolizaban el progreso, la ciencia, la técnica y la razón.”².En otras palabras, y equiparando al habitante con una de estas casas, ¿Existe en Cali la identidad propuesta por Peña en la formación de una ciudad utópicamente beneficiosa para la sociedad caleña? En la definición de ciudad utópica “positiva” que hace Peña en su texto “La Ciudad En La Ciencia Ficción : La Literatura Como Ilustración Y contraste de la teoría”, se hace especial énfasis en la desaparición del sentido de lo individual como requisito de sociedades progesistas. Esto es, habla de una primacía del bien general sobre el particular, del bienestar colectivo sobre el individual. Pero, ¿Se aplica en Cali este pilar característico de la doctrina Utilitarista? Los reportes estadísticos de Olivier Barbary incluídos en su proyecto de investigación “Segregación Socio-racial y percepción de discriminaciones en Cali: una encuesta sobre la población afrocolombiana” revelan la prelación- casi inexistente- que se da a estas poblaciones del pacífico Colombiano (incluyendo a Cali como centro de concentración de población negra), en temas de inversión a políticas públicas, desarrollo social y económico de estas regiones, revelan lo contrario. Este problema de segregación social en Cali es parte de la historia negra de Cali, de su precaria concepción de equidad social y de increíble omisión ciudadana. En su texto, Barbary menciona el denuncio que hicieron los pioneros en antropología De Friedmann y Arocha, ante un caso de discriminación racial que presenciaron, al notar que estos grupos sociales no son considerados siquiera como objeto de estudio. Aseguraron: “Hay una invisibilidad científica y social de la población negra y de la herencia cultural africana en la ciudad”.
Este problema de la utopía no es, esencialmente, una cuestión de racismo y de exclusión social. Es también una cuestión de padecimiento. De sentir la ciudad, de vivirla: una cuestión de posibilidades y limitaciones. Y esto habita en lo económico. Es el olor del dinero. A la pregunta realizada a un embolador sobre su visión de Cali, este asegura: “es la ciudad en la que nací, la que me da la papita y en la que me voy a morir". Suficiente para entender que la humildad no es un conformismo construido, que es en sí misma una experiencia de vida. El turno ahora era de alguien que planea, lidera y habla de plata como tema de rutina. Habla de la bolsa de valores, de la caída del dólar y de posibilidad de hacer un negocio redondo. A la pregunta, ¿Qué piensa de Cali? él responde como si se tratara de una junta directiva: “En Cali hay una economía que se mueve mucho, yo creo que así como va muchos inversionistas van a querer venir a crear empresa”. Ahora la pregunta malintencionada: ¿Qué piensa de los problemas sociales que hay en Cali?, a la que él responde como si se tratara de un reinado de belleza: “Yo creo que hay que ser más tolerantes y tratar de buscar la paz”.El embolador maneja su propia economía, su materia prima y su bolsa de valores (sus bolsillos). El empresario, por su parte, lo hace de una manera más sistemática (no por eso más interesante).¿Qué hay del poder organizador del Estado? ¿Cumple satisfactoriamente su objetivo como autoridad reguladora de recursos en la construcción de sociedades más equitativas? En Cali se invierte ente 2 y 6 millones de dólares por cada 100 millones transferidos desde la nación. Seis millones frente al mínimo de 40 millones de dólares en Medellín y 38 millones en Bogotá. Una cifra que expone, una vez más, la desidia de un Estado que no coadyuva en la formación de un Centro de Ortodoxia con ideales menos individualistas, cada vez más portentosos.
Un visionario de ciudad.
Un habitante es un escritor y Cali es su obra. Una obra que es contada a rasguños, a goteo sanguíneo, al ritmo de un cuerpo que se convierte en ciudad, en violencia, en injusticia, en sexo, en “lo que tiene al mundo al revés”. Ése es Andrés, un performer³ de 22 años, acostumbrado a estar rodeado de “pelados de mente abierta”, mostrándoles lo sensible que es el cuerpo como materia, pero lo fuerte que se convierte cuando es el orador de Cali, de la Cali asesinada.¿Utopías positivas? ¿Utopías negativas? Cali es una ciudad y punto. Una ciudad en la que se vive, en la que se habla, en la que se ríe, en la que se llora. Es cuestión de praxis. Pero la utopía ya es parte de ella, es un cáncer con el que se ha aprendido a vivir. Seguirá siendo utópica hasta que deje de estar condenada a la maldición de la inercia histórica.
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1: Socióloga, magíster Urbanismo, Universidad de los Andes..
2: Nayibe Peña, La Ciudad En La Ciencia Ficción: La Literatura Como Ilustración Y contraste de la teoría, 2000
3: Practicante del arte Performance.
lunes 28 de abril de 2008
ANÁLISIS: EFECTOS TRANSHUMANISMO (PELÍCULA GATTACA)
Por
Diego Fernando Ramírez H.
La película GATTACA expone la incidencia, cada vez mayor, de la genética no sólo como ciencia biológica y de aplicación estrictamente natural, sino como una alternativa ya deliberada para que la morfología y estructura genética de un ser humano sean volitivas. Es así como en la película se presenta un mundo distópico, consecuencia de un exceso de transhumanismo, traducido en la concepción de que la superioridad entre humanos está dada por la manipulación de su código genético. Se presenta entonces una sociedad selectiva y discriminadora en los ámbitos social, cultural y laboral, fundamentada en un criterio de perfección que termina por excluir de sus intereses a quienes no han accedido a la ciencia y a la tecnología para el mejoramiento de sus condiciones físicas, psicológicas e intelectuales.
El transhumanismo, definido en tanto pensamiento y movimiento intelectual, ha proveído en los últimos años una visión futurista de la evolución humana controlada de manera artificial. Esta evolución involucra una selección genética en la que puede “diseñarse a gusto propio” el código genético de un ser humano, proporcionándole un mejor rendimiento fisiológico y cognitivo, al tiempo que erradica las condiciones menos loables devenidas de la naturaleza propia del ser humano (enfermedad, taras, envejecimiento, etc.). La necesidad inherente en el ser humano de superarse a sí mismo y a los demás lo llevaría a procesos de auto-mejoramiento que podrían terminar en una manipulación desidiosa de la estructura genética y, por tanto, dañina en una modificación drástica de la naturaleza del ser humano; puede traducirse esto en un deseo obsesivo de la perfección, emergido de la presión de la persona misma y de su entorno. Esta distopía alcanza su mayor punto crítico cuando la aptitud de una persona se mide sobre bases estrictamente tecnológicas y superficiales, sin evaluar las capacidades naturales e inherentes en ella; impidiendo de esta manera el reconocimiento hacia la persona, e incluso a un empleo (como ocurre en la película. Impedimento que también trunca un sueño).
Considero entonces que el ser humano debe propender por la intangibilidad de su propia naturaleza y de los principios de su existencia. Si bien la selección genética o el llamado transhumanismo proporcionarían aplicaciones que permitirían una superación de las limitaciones humanas más recurrentes, las cuestiones morales, sociales e incluso económicas, restan puntos al acudimiento al transhumanismo. Por una parte su masificación podría derivar en una desigualdad económica, dado que quienes poseen mayores recursos tienen mayor acceso a estos métodos; dándole a quienes son ya poderosos un nivel de poder aún más grande. En cuánto a las repercusiones sociales y morales que tiene la implementación de estas técnicas, es posible que la existencia del ser humano y su propia esencia se vean trivializadas; lo que conllevaría a un proceso de deshumanización progresivo. Llevaría a la posibilidad de que los humanos dejaran de ser humanos.
Diego Fernando Ramírez H.
La película GATTACA expone la incidencia, cada vez mayor, de la genética no sólo como ciencia biológica y de aplicación estrictamente natural, sino como una alternativa ya deliberada para que la morfología y estructura genética de un ser humano sean volitivas. Es así como en la película se presenta un mundo distópico, consecuencia de un exceso de transhumanismo, traducido en la concepción de que la superioridad entre humanos está dada por la manipulación de su código genético. Se presenta entonces una sociedad selectiva y discriminadora en los ámbitos social, cultural y laboral, fundamentada en un criterio de perfección que termina por excluir de sus intereses a quienes no han accedido a la ciencia y a la tecnología para el mejoramiento de sus condiciones físicas, psicológicas e intelectuales.
El transhumanismo, definido en tanto pensamiento y movimiento intelectual, ha proveído en los últimos años una visión futurista de la evolución humana controlada de manera artificial. Esta evolución involucra una selección genética en la que puede “diseñarse a gusto propio” el código genético de un ser humano, proporcionándole un mejor rendimiento fisiológico y cognitivo, al tiempo que erradica las condiciones menos loables devenidas de la naturaleza propia del ser humano (enfermedad, taras, envejecimiento, etc.). La necesidad inherente en el ser humano de superarse a sí mismo y a los demás lo llevaría a procesos de auto-mejoramiento que podrían terminar en una manipulación desidiosa de la estructura genética y, por tanto, dañina en una modificación drástica de la naturaleza del ser humano; puede traducirse esto en un deseo obsesivo de la perfección, emergido de la presión de la persona misma y de su entorno. Esta distopía alcanza su mayor punto crítico cuando la aptitud de una persona se mide sobre bases estrictamente tecnológicas y superficiales, sin evaluar las capacidades naturales e inherentes en ella; impidiendo de esta manera el reconocimiento hacia la persona, e incluso a un empleo (como ocurre en la película. Impedimento que también trunca un sueño).
Considero entonces que el ser humano debe propender por la intangibilidad de su propia naturaleza y de los principios de su existencia. Si bien la selección genética o el llamado transhumanismo proporcionarían aplicaciones que permitirían una superación de las limitaciones humanas más recurrentes, las cuestiones morales, sociales e incluso económicas, restan puntos al acudimiento al transhumanismo. Por una parte su masificación podría derivar en una desigualdad económica, dado que quienes poseen mayores recursos tienen mayor acceso a estos métodos; dándole a quienes son ya poderosos un nivel de poder aún más grande. En cuánto a las repercusiones sociales y morales que tiene la implementación de estas técnicas, es posible que la existencia del ser humano y su propia esencia se vean trivializadas; lo que conllevaría a un proceso de deshumanización progresivo. Llevaría a la posibilidad de que los humanos dejaran de ser humanos.
viernes 25 de abril de 2008
EXISTENCIA Y REFLEXIÓN: EL PROBLEMA DE LA INERCIA Y LA CONSTRUCCIÓN DE UN SENTIDO.
Por
Diego Fernando Ramírez Hincapie.
Nacemos, crecemos y morimos. Y esa es la vida. Con el mismo final ineludible. Aburrida desde lo biológico. Pero mayor aún es el aburrimiento cuando la vida de la que hablo se convierte en un simple desgaste corporal o en ocupar un lugar donde se interactúa con otros de la misma suerte.
Este texto aborda el tema de la reflexión como elemento “vital” de la existencia: de la arquitectura de la vida…de la arquitectura de la ciudad. Se erige lo anterior en la concepción de dos ideas ambivalentes: La trascendencia del ser humano como individuo y ser social, que es su objetivo de una existencia con sentido; y la trivialización del hombre como máquina emocional y ciudadana, a partir del conformismo de una vida y sociedad inertes. Son las anteriores sugerencias de Jean-Pierre Boutinet, en su libro Historia y Proyecto; de Óscar Gonzáles, en su compilación de textos La ciudad Soñada, y de David Fincher, que en su filme FIGHT CLUB parece plantear una forma de vivir la vida de una manera más pragmática.
El hombre es una prioridad en sí mismo. Es en sí mismo la sublimación más ambiciosa de la condición humana: es filósofo de su existencia. Es moderador de su propio debate: el debate del ser y del llegar a ser; el ser estático, sumiso y aplicado, y el otro ser dinámico, irreverente, desaplicado. Y es a partir de la singularidad del hombre que éste visualiza nuevas posibilidades para construir caminos de vida, para interpretar sus capacidades, para ser lo que desea ser. Sin embargo, este “deseo ser” más que una simple idea utópica, se configura como un objetivo primario del ser humano en su proceso de trascendencia. Como lo diría Jean Pierre Boutinet: el “deseo ser” es un “Objeto” [1] inicial, la meta de su “Proyecto”2. Pero el hombre se encuentra ante una multiplicidad de proyectos, que constituyen esa reflexión de la que se ha hablado. De ahí la palabra “inicial”, adjunta al vocablo “Objeto”; porque un proyecto implica la realización de un único objeto principal.
Entonces, el hombre requiere la posibilidad de una evolución de su trama existencial; requiere transitar del estatismo mortal al dinamismo vital, entre la regresión y el progreso, en medio del cambio absoluto. Esto es, el hombre requiere la ideación de proyectos ante la meta de la arquitectura del sentido existencial: el sentido de la autorrealización como individuo autónomo, el sentido del reconocimiento social y, en general, el sentido de burlar lo meramente inercial. Con relación a esto último, cabe anotar que no es objeto de la reflexión existencial ir en contra de lo que ya está establecido, a menos que tal sistema inercial inhiba el pleno ejercicio de la autonomía y actividad del hombre. Es lo que ocurre en la película de Fincher: el cansancio de vivir la vida a partir de preceptos sociales exclusivamente consumistas, lleva al protagonista a la invención de un personaje que es todo lo que él desearía ser. Continúa con la ejecución de un proyecto (CLUB DE LA PELEA) que intenta persuadir de la grandeza del idealismo sobre lo físico, la materia, lo mutable…el cuerpo.
No obstante, un sentido existencial no sería posible si el objeto de los proyectos se limitara a vanaglorias y orgullos personales. Esto es, el hombre debe considerar su entorno, dada la impetuosa necesidad de un espacio que lo acoja, lo juzgue y lo reconozca como individuo parte de él. Y este espacio es la ciudad. Así, el hombre se trasciende a sí mismo cuando se transforma, cuando transforma la ciudad: que es un proyecto real en sí misma, un elemento de reflexión, cuya realización requiere de la intervención del ciudadano, de su apropiación, de su posesión [2]. Ocurre esto en el filme de Fincher con el PROYECTO CAOS: se logra que una ciudad pensada en fantasía, sea tan real como la reflexión que la origina.
Ya hay entonces una evolución de la trama de la existencia humana. Ya hay una trascendencia. Es cuando el hombre impone su singularidad, cuando se inventa a sí mismo, cuando inventa ciudad.
El hombre es un actor por naturaleza. Actor de las apariencias. Actor individual, actor social. Y es en estos dos ámbitos, el personal y el de sociedad, que debe el ser humano volver sobre el pensamiento, detenerse y reflexionar sobre su papel desde ambas perspectivas. No puede el hombre sentirse arquitecto de un sentido de su existencia cuando acumula proyectos tras otros, que solo encierran su vida personal y ha dejado de lado la colectividad de la que hace parte; ha dejado de construir ciudad. De manera análoga, el hombre sigue estando lejos de la realización si imagina su ciudad de la manera más fantasiosa, pero aún no sabe porque ha hecho todo cuanto ha hecho en su vida. La trivialización de la existencia del ser humano y de su ciudad está dada entonces por una inactividad reflexiva en cualquiera de los ámbitos mencionados líneas antes. Boutinet define como seres con “hábitos pasivos” aquellos que poseen este mal inercial. Mal inercial que impide la concepción de la ciudad desde la realidad, quedándose así como una idea utópica, encerrando al ciudadano y a su ciudad en una inercia vacía.
Fincher logra exponer tal trivialización al hacer ver la sociedad como una “manada” de consumidores que viven por y para el consumo; engañados por una concepción precaria de lo que es necesario. Argumento similar se formula el protagonista del filme al justificar su decisión de deshacerse de todo lo material que lo invadía, a través de una explosión suscitada por él mismo.
La trivialización de la existencia del ser humano se origina entonces por una carencia de reflexión de la actividad personal y social del hombre, generada por un exceso de comodidad efímera, que termina por llevarlo a un auto-cuestionamiento de su propia desidia.
El ser humano es en sí mismo pensamiento, reflexión, conciencia. La trascendencia del hombre no viene dada por discursos filosóficos generalizadores de reflexión. El ser humano se trasciende a sí mismo cuando reconoce sus cualidades y limitaciones, y de acuerdo a ese juicio, se proyecta en sus posibilidades en el desarrollo de proyectos factibles, de metas alcanzables en la realidad; dejando de lado ideales meramente utópicos. El ser humano es además inventivo, creativo y perseverante. Perseverante incluso en aquello que lo perjudica. Perseverante en la creación de necesidades superfluas, generando una inconformidad perpetua, que termina por subvalorar la substancia humana: Se origina un mundo distópico en el que se trivializa la existencia humana como consecuencia de un exceso de reflexión. ¿Cómo evitar la trivialización de la existencia humana si la inconformidad resulta ser el motor de proyectos que construyen sentido a ella misma?
[1] Jean Pierre Boutinet, Histoires De Vie, 1989
[2]Óscar González, La ciudad soñada, 1999
Diego Fernando Ramírez Hincapie.
Nacemos, crecemos y morimos. Y esa es la vida. Con el mismo final ineludible. Aburrida desde lo biológico. Pero mayor aún es el aburrimiento cuando la vida de la que hablo se convierte en un simple desgaste corporal o en ocupar un lugar donde se interactúa con otros de la misma suerte.
Este texto aborda el tema de la reflexión como elemento “vital” de la existencia: de la arquitectura de la vida…de la arquitectura de la ciudad. Se erige lo anterior en la concepción de dos ideas ambivalentes: La trascendencia del ser humano como individuo y ser social, que es su objetivo de una existencia con sentido; y la trivialización del hombre como máquina emocional y ciudadana, a partir del conformismo de una vida y sociedad inertes. Son las anteriores sugerencias de Jean-Pierre Boutinet, en su libro Historia y Proyecto; de Óscar Gonzáles, en su compilación de textos La ciudad Soñada, y de David Fincher, que en su filme FIGHT CLUB parece plantear una forma de vivir la vida de una manera más pragmática.
El hombre es una prioridad en sí mismo. Es en sí mismo la sublimación más ambiciosa de la condición humana: es filósofo de su existencia. Es moderador de su propio debate: el debate del ser y del llegar a ser; el ser estático, sumiso y aplicado, y el otro ser dinámico, irreverente, desaplicado. Y es a partir de la singularidad del hombre que éste visualiza nuevas posibilidades para construir caminos de vida, para interpretar sus capacidades, para ser lo que desea ser. Sin embargo, este “deseo ser” más que una simple idea utópica, se configura como un objetivo primario del ser humano en su proceso de trascendencia. Como lo diría Jean Pierre Boutinet: el “deseo ser” es un “Objeto” [1] inicial, la meta de su “Proyecto”2. Pero el hombre se encuentra ante una multiplicidad de proyectos, que constituyen esa reflexión de la que se ha hablado. De ahí la palabra “inicial”, adjunta al vocablo “Objeto”; porque un proyecto implica la realización de un único objeto principal.
Entonces, el hombre requiere la posibilidad de una evolución de su trama existencial; requiere transitar del estatismo mortal al dinamismo vital, entre la regresión y el progreso, en medio del cambio absoluto. Esto es, el hombre requiere la ideación de proyectos ante la meta de la arquitectura del sentido existencial: el sentido de la autorrealización como individuo autónomo, el sentido del reconocimiento social y, en general, el sentido de burlar lo meramente inercial. Con relación a esto último, cabe anotar que no es objeto de la reflexión existencial ir en contra de lo que ya está establecido, a menos que tal sistema inercial inhiba el pleno ejercicio de la autonomía y actividad del hombre. Es lo que ocurre en la película de Fincher: el cansancio de vivir la vida a partir de preceptos sociales exclusivamente consumistas, lleva al protagonista a la invención de un personaje que es todo lo que él desearía ser. Continúa con la ejecución de un proyecto (CLUB DE LA PELEA) que intenta persuadir de la grandeza del idealismo sobre lo físico, la materia, lo mutable…el cuerpo.
No obstante, un sentido existencial no sería posible si el objeto de los proyectos se limitara a vanaglorias y orgullos personales. Esto es, el hombre debe considerar su entorno, dada la impetuosa necesidad de un espacio que lo acoja, lo juzgue y lo reconozca como individuo parte de él. Y este espacio es la ciudad. Así, el hombre se trasciende a sí mismo cuando se transforma, cuando transforma la ciudad: que es un proyecto real en sí misma, un elemento de reflexión, cuya realización requiere de la intervención del ciudadano, de su apropiación, de su posesión [2]. Ocurre esto en el filme de Fincher con el PROYECTO CAOS: se logra que una ciudad pensada en fantasía, sea tan real como la reflexión que la origina.
Ya hay entonces una evolución de la trama de la existencia humana. Ya hay una trascendencia. Es cuando el hombre impone su singularidad, cuando se inventa a sí mismo, cuando inventa ciudad.
El hombre es un actor por naturaleza. Actor de las apariencias. Actor individual, actor social. Y es en estos dos ámbitos, el personal y el de sociedad, que debe el ser humano volver sobre el pensamiento, detenerse y reflexionar sobre su papel desde ambas perspectivas. No puede el hombre sentirse arquitecto de un sentido de su existencia cuando acumula proyectos tras otros, que solo encierran su vida personal y ha dejado de lado la colectividad de la que hace parte; ha dejado de construir ciudad. De manera análoga, el hombre sigue estando lejos de la realización si imagina su ciudad de la manera más fantasiosa, pero aún no sabe porque ha hecho todo cuanto ha hecho en su vida. La trivialización de la existencia del ser humano y de su ciudad está dada entonces por una inactividad reflexiva en cualquiera de los ámbitos mencionados líneas antes. Boutinet define como seres con “hábitos pasivos” aquellos que poseen este mal inercial. Mal inercial que impide la concepción de la ciudad desde la realidad, quedándose así como una idea utópica, encerrando al ciudadano y a su ciudad en una inercia vacía.
Fincher logra exponer tal trivialización al hacer ver la sociedad como una “manada” de consumidores que viven por y para el consumo; engañados por una concepción precaria de lo que es necesario. Argumento similar se formula el protagonista del filme al justificar su decisión de deshacerse de todo lo material que lo invadía, a través de una explosión suscitada por él mismo.
La trivialización de la existencia del ser humano se origina entonces por una carencia de reflexión de la actividad personal y social del hombre, generada por un exceso de comodidad efímera, que termina por llevarlo a un auto-cuestionamiento de su propia desidia.
El ser humano es en sí mismo pensamiento, reflexión, conciencia. La trascendencia del hombre no viene dada por discursos filosóficos generalizadores de reflexión. El ser humano se trasciende a sí mismo cuando reconoce sus cualidades y limitaciones, y de acuerdo a ese juicio, se proyecta en sus posibilidades en el desarrollo de proyectos factibles, de metas alcanzables en la realidad; dejando de lado ideales meramente utópicos. El ser humano es además inventivo, creativo y perseverante. Perseverante incluso en aquello que lo perjudica. Perseverante en la creación de necesidades superfluas, generando una inconformidad perpetua, que termina por subvalorar la substancia humana: Se origina un mundo distópico en el que se trivializa la existencia humana como consecuencia de un exceso de reflexión. ¿Cómo evitar la trivialización de la existencia humana si la inconformidad resulta ser el motor de proyectos que construyen sentido a ella misma?
[1] Jean Pierre Boutinet, Histoires De Vie, 1989
[2]Óscar González, La ciudad soñada, 1999
EL NUEVO MUNDO DE LAS ORGANIZACIONES
Por
Diego Fernando Ramírez H.
Sin saberlo, cada ser humano hace parte de diferentes organizaciones de manera simultánea. Y es gracias a esta participación organizacional que el hombre se desarrolla como ser social, ejerciendo un rol significativo en cada una de los grupos constituyentes de organizaciones de diferente carácter. Pero es en el estudio de estas últimas que es posible dilucidar la gran injerencia que tienen estas organizaciones en la construcción de modelos de producción para que el hombre se convierta en un ser proactivo. Es por esto que la experiencia del curso logró proporcionarme elementos de juicio aceptables para la ideación de nuevas formas y medios en la construcción de organizaciones exitosas que transformen la sociedad en todas sus dimensiones.
En el estudio de las organizaciones de manera formal, es inevitable el surgimiento de preguntas relacionadas con el origen de éstas, su función, manejo y operación. Las anteriores constituían interrogantes, cuyas respuestas –afortunadamente no muy obvias- fueron apareciendo en el transcurso del curso, en cada adquisición de nuevos conceptos y teorías. Desde la definición de organización, pasando por las funciones administrativas, la estructura organizacional y decisiones, el comportamiento organizacional, la motivación, el liderazgo, la comunicación, y de más conceptos relacionados con los elementos constituyentes de organizaciones, fueron el fundamentos de mayor trascendencia durante el curso para la ideación y la consolidación de un criterio cognoscitivo, que me permitiera el entendimiento del mundo de las organizaciones y la importancia que éstas tienen en el desarrollo social, económico y cultural de la sociedad.
Cabe resaltar que el curso dirigió su objetivo a no enfatizar de manera única a las organizaciones como eje temático y teórico, sino que se dirigió la atención al análisis de la sociedad y su situación actual a partir de los elementos desarrollados y discutidos en clase. Es importante lograr percibir cómo lo que constituye teoría y formalidad es aplicable a problemas y situaciones del mundo real, porque es en estos casos que es posible responder a las necesidades de un mundo cada vez más complejo y dinámico.
Es de igual significación la mención del ambiente de trabajo manejado en cada sesión de clase. Considero que fue propicio para una socialización exitosa de todos los conocimientos adquiridos en cada lectura y en los medios escogidos para tal fin dada la alta participación estudiantil. La deliberación y la discusión fueron elementos fundamentales para la consolidación de nuevos conceptos, nuevas formas y perspectivas para visualizar el mundo de las organizaciones y para su consideración como sistemas capaces de transformar las sociedades en las que se desenvuelven.
De manera similar, es conveniente enfatizar en la influencia que ha tenido el curso en lo que la universidad llama formación integral. Más allá de ser un simple pilar del modelo pedagógico de la institución, la formación profesional que se construye durante el periodo universitario es de muchas más completitud cuando se logran conectar materias como ésta, que permiten el desarrollo de criterios en diferentes áreas del conocimiento.
En cuanto a la influencia que ha tenido el curso en mi visión profesional y la relación que ésta tiene con la carrera que es mi objeto de estudio, debo mencionar que ha significado una muy buena herramienta para lograr la ideación de cómo crear una posible organización, cuyo sistema de producción se relacione con el área de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías. Algo igualmente relevante de resaltar es la seguridad que he adquirido respecto a cuáles son las formas de administración ideales y cómo aplicarlas en una posible sociedad organizacional.
Lo anterior explica cuán arraigado está el espíritu empresarial que quisiera se consolidara como un proyecto factible y viable. Además de la confianza que se obtiene al momento de asumir una determinada posición frente a temas relacionados con las organizaciones, también se desarrolla una capacidad para aplicar temas formales como el liderazgo, la toma de decisiones y la comunicación, en contextos de la vida personal, profesional y laboral. Dada la importancia de los procesos anteriormente citados, creo que este ha sido uno de los logros más importantes en el transcurso del curso.
Finalmente, el nuevo mundo de las organizaciones es también el nuevo mundo de las personas del siglo XXI, de quienes se han dado cuenta de la necesidad de transformar el mundo en el que se hallan inmersos: es el mundo de quienes lo transforman y construyen uno mejor.
Diego Fernando Ramírez H.
Sin saberlo, cada ser humano hace parte de diferentes organizaciones de manera simultánea. Y es gracias a esta participación organizacional que el hombre se desarrolla como ser social, ejerciendo un rol significativo en cada una de los grupos constituyentes de organizaciones de diferente carácter. Pero es en el estudio de estas últimas que es posible dilucidar la gran injerencia que tienen estas organizaciones en la construcción de modelos de producción para que el hombre se convierta en un ser proactivo. Es por esto que la experiencia del curso logró proporcionarme elementos de juicio aceptables para la ideación de nuevas formas y medios en la construcción de organizaciones exitosas que transformen la sociedad en todas sus dimensiones.
En el estudio de las organizaciones de manera formal, es inevitable el surgimiento de preguntas relacionadas con el origen de éstas, su función, manejo y operación. Las anteriores constituían interrogantes, cuyas respuestas –afortunadamente no muy obvias- fueron apareciendo en el transcurso del curso, en cada adquisición de nuevos conceptos y teorías. Desde la definición de organización, pasando por las funciones administrativas, la estructura organizacional y decisiones, el comportamiento organizacional, la motivación, el liderazgo, la comunicación, y de más conceptos relacionados con los elementos constituyentes de organizaciones, fueron el fundamentos de mayor trascendencia durante el curso para la ideación y la consolidación de un criterio cognoscitivo, que me permitiera el entendimiento del mundo de las organizaciones y la importancia que éstas tienen en el desarrollo social, económico y cultural de la sociedad.
Cabe resaltar que el curso dirigió su objetivo a no enfatizar de manera única a las organizaciones como eje temático y teórico, sino que se dirigió la atención al análisis de la sociedad y su situación actual a partir de los elementos desarrollados y discutidos en clase. Es importante lograr percibir cómo lo que constituye teoría y formalidad es aplicable a problemas y situaciones del mundo real, porque es en estos casos que es posible responder a las necesidades de un mundo cada vez más complejo y dinámico.
Es de igual significación la mención del ambiente de trabajo manejado en cada sesión de clase. Considero que fue propicio para una socialización exitosa de todos los conocimientos adquiridos en cada lectura y en los medios escogidos para tal fin dada la alta participación estudiantil. La deliberación y la discusión fueron elementos fundamentales para la consolidación de nuevos conceptos, nuevas formas y perspectivas para visualizar el mundo de las organizaciones y para su consideración como sistemas capaces de transformar las sociedades en las que se desenvuelven.
De manera similar, es conveniente enfatizar en la influencia que ha tenido el curso en lo que la universidad llama formación integral. Más allá de ser un simple pilar del modelo pedagógico de la institución, la formación profesional que se construye durante el periodo universitario es de muchas más completitud cuando se logran conectar materias como ésta, que permiten el desarrollo de criterios en diferentes áreas del conocimiento.
En cuanto a la influencia que ha tenido el curso en mi visión profesional y la relación que ésta tiene con la carrera que es mi objeto de estudio, debo mencionar que ha significado una muy buena herramienta para lograr la ideación de cómo crear una posible organización, cuyo sistema de producción se relacione con el área de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías. Algo igualmente relevante de resaltar es la seguridad que he adquirido respecto a cuáles son las formas de administración ideales y cómo aplicarlas en una posible sociedad organizacional.
Lo anterior explica cuán arraigado está el espíritu empresarial que quisiera se consolidara como un proyecto factible y viable. Además de la confianza que se obtiene al momento de asumir una determinada posición frente a temas relacionados con las organizaciones, también se desarrolla una capacidad para aplicar temas formales como el liderazgo, la toma de decisiones y la comunicación, en contextos de la vida personal, profesional y laboral. Dada la importancia de los procesos anteriormente citados, creo que este ha sido uno de los logros más importantes en el transcurso del curso.
Finalmente, el nuevo mundo de las organizaciones es también el nuevo mundo de las personas del siglo XXI, de quienes se han dado cuenta de la necesidad de transformar el mundo en el que se hallan inmersos: es el mundo de quienes lo transforman y construyen uno mejor.
COLOMBIA COMPETITIVA
Por
Diego Fdo. Ramírez H.
De Colombia se hablan muchas cosas: del narcotráfico, de la violencia, de su economía, de su naturaleza, de su gente, de su felicidad. Colombia ha logrado ser el merecedor de buenos y malos comentarios que intentan explicar el por qué de su situación actual y cómo cambiar de historia. Y algo curioso que sucede en el país, que parece ser contradictorio a lo que en líneas antes menciono, es el deseo compartido de muchos inversionistas extranjeros de generar capital en Colombia. Es aquí cuando la consideración del ICC (Indice de crecimiento de competitividad) resulta ser trascendental. Factores como el control del orden público, el cese a la violencia, la estabilidad económica, el desarrollo de la tecnología y hasta la confianza, son determinantes de una buena posición en el Ranking de competitividad, visto y juzgado por todos los países del globo.
Colombia debe darse entonces la posibilidad de ser un país cada vez más competente, más comprometido por una sociedad en desarrollo y de nacer en una nueva economía. Pero esto no se da como resultado de deseos o de simples mejoras a la producción, a la estrategia o a la genialidad que supuestamente es la causante de la disciplina de la innovación. De manera progresiva pero inminente, Colombia cuenta en la actualidad con una opción de abrir las puertas de su economía y dejar pasar las de otros países: EL TLC. Lo anterior hace referencia a ser parte de la economía internacional de un mundo cada vez más globalizado: Es la oportunidad de Colombia para integrarse a diferentes mercados. En términos más formales, el TLC (Tratado de Libre Comercio) se define como el acuerdo entre dos o más países para un libre intercambio de bienes y servicios con base en la desgravación de aranceles y algunas otras barreras comerciales. En el caso de Colombia, el TLC constituye un hito histórico que marca una oportunidad ostensible para la expansión de la economía nacional y el crecimiento del país en términos de productividad y competitividad.
La apertura de los mercados se manifiesta de manera más patente en la libertad de flujos de capital y aumento en tasas de empleo, exportaciones e inversión extranjera. Es por esto que Colombia debe dar el paso hacia esta negociación, que si bien presenta algunos puntos desfavorables para ciertos sectores de la economía, significa la posibilidad de ampliar el mercado y las oportunidades comerciales, logrando incorporar a estos sectores perjudicados.
La importancia que subyace a este proceso no es otra que lograr una colonización de posiciones en diferentes áreas del mercado; esto es, ganarle la carrera a otro país que tenga una economía similar a la nuestra y opten por entrar a este proceso.
A pesar de los beneficios que provee el TLC, vislumbrados hasta el momento, es inevitable el análisis de los puntos que desfavorecen a Colombia con la implementación de estas nuevas reglas de juego comercial: Desigualdad de condiciones de infraestructura, de desarrollo tecnológico y sectores no favorecidos. No obstante, se espera que con el cumplimiento a cabalidad de lo que se convenga en el Tratado, se logren superar estas controversias y se dé pase a un desarrollo económico equitativo para la gran mayoría de los sectores de la economía y que se promueva la inclusión de los sectores menos favorecidos en el nuevo mercado.
Para ver cómo esta nueva realidad comercial influye en grandes proporciones en la economía nacional, conviene analizar la situación de un sector económico como el cuero y el calzado.. Desde hace unos años Pedro Martínez decidió fabricar el calzado de su empresa y no comprarlo, pues consideraba que este sistema de producción era mucho más próspero. No obstante, el costo de la maquinaria y equipos para la fabricación de calzado eran bastante costosos, lo que le impidió adquirir muchos de estos bienes y por tanto, la ampliación de su taller. La instauración de las nuevas reglas comerciales, consecuencia del TLC, habrá un mayor poder adquisitivo por parte de los consumidores y empresarios; esto es, en el caso propuesto, habrá mayor acceso a maquinaria y equipos importados de Estados Unidos, debido a la desgravación de los aranceles. De igual manera, se ganaría una fuerte dinámica exportadora, favoreciendo el acceso al mercado norteamericano y aumentando las posibilidades de utilidad.
Por esta razón, el sector de cuero y calzado se vería beneficiado con la implementación del TLC en Colombia, por supuesto, todo dentro de los límites de lo convenido en el Tratado: Estabilidad en las inversiones extranjeras y nacionales y libre competencia. Cabe anotar que este mercado no está exento de competencias extranjeras que puedan establecerse en el país. Sin embargo, es en este contexto en que la innovación adquiere gran trascendencia, pues constituye la herramienta adecuada para marcar un nivel de competencia y productividad: fabricar nuevos productos y satisfacer las necesidades de consumidores, cada día más exigentes.
Diego Fdo. Ramírez H.
De Colombia se hablan muchas cosas: del narcotráfico, de la violencia, de su economía, de su naturaleza, de su gente, de su felicidad. Colombia ha logrado ser el merecedor de buenos y malos comentarios que intentan explicar el por qué de su situación actual y cómo cambiar de historia. Y algo curioso que sucede en el país, que parece ser contradictorio a lo que en líneas antes menciono, es el deseo compartido de muchos inversionistas extranjeros de generar capital en Colombia. Es aquí cuando la consideración del ICC (Indice de crecimiento de competitividad) resulta ser trascendental. Factores como el control del orden público, el cese a la violencia, la estabilidad económica, el desarrollo de la tecnología y hasta la confianza, son determinantes de una buena posición en el Ranking de competitividad, visto y juzgado por todos los países del globo.
Colombia debe darse entonces la posibilidad de ser un país cada vez más competente, más comprometido por una sociedad en desarrollo y de nacer en una nueva economía. Pero esto no se da como resultado de deseos o de simples mejoras a la producción, a la estrategia o a la genialidad que supuestamente es la causante de la disciplina de la innovación. De manera progresiva pero inminente, Colombia cuenta en la actualidad con una opción de abrir las puertas de su economía y dejar pasar las de otros países: EL TLC. Lo anterior hace referencia a ser parte de la economía internacional de un mundo cada vez más globalizado: Es la oportunidad de Colombia para integrarse a diferentes mercados. En términos más formales, el TLC (Tratado de Libre Comercio) se define como el acuerdo entre dos o más países para un libre intercambio de bienes y servicios con base en la desgravación de aranceles y algunas otras barreras comerciales. En el caso de Colombia, el TLC constituye un hito histórico que marca una oportunidad ostensible para la expansión de la economía nacional y el crecimiento del país en términos de productividad y competitividad.
La apertura de los mercados se manifiesta de manera más patente en la libertad de flujos de capital y aumento en tasas de empleo, exportaciones e inversión extranjera. Es por esto que Colombia debe dar el paso hacia esta negociación, que si bien presenta algunos puntos desfavorables para ciertos sectores de la economía, significa la posibilidad de ampliar el mercado y las oportunidades comerciales, logrando incorporar a estos sectores perjudicados.
La importancia que subyace a este proceso no es otra que lograr una colonización de posiciones en diferentes áreas del mercado; esto es, ganarle la carrera a otro país que tenga una economía similar a la nuestra y opten por entrar a este proceso.
A pesar de los beneficios que provee el TLC, vislumbrados hasta el momento, es inevitable el análisis de los puntos que desfavorecen a Colombia con la implementación de estas nuevas reglas de juego comercial: Desigualdad de condiciones de infraestructura, de desarrollo tecnológico y sectores no favorecidos. No obstante, se espera que con el cumplimiento a cabalidad de lo que se convenga en el Tratado, se logren superar estas controversias y se dé pase a un desarrollo económico equitativo para la gran mayoría de los sectores de la economía y que se promueva la inclusión de los sectores menos favorecidos en el nuevo mercado.
Para ver cómo esta nueva realidad comercial influye en grandes proporciones en la economía nacional, conviene analizar la situación de un sector económico como el cuero y el calzado.. Desde hace unos años Pedro Martínez decidió fabricar el calzado de su empresa y no comprarlo, pues consideraba que este sistema de producción era mucho más próspero. No obstante, el costo de la maquinaria y equipos para la fabricación de calzado eran bastante costosos, lo que le impidió adquirir muchos de estos bienes y por tanto, la ampliación de su taller. La instauración de las nuevas reglas comerciales, consecuencia del TLC, habrá un mayor poder adquisitivo por parte de los consumidores y empresarios; esto es, en el caso propuesto, habrá mayor acceso a maquinaria y equipos importados de Estados Unidos, debido a la desgravación de los aranceles. De igual manera, se ganaría una fuerte dinámica exportadora, favoreciendo el acceso al mercado norteamericano y aumentando las posibilidades de utilidad.
Por esta razón, el sector de cuero y calzado se vería beneficiado con la implementación del TLC en Colombia, por supuesto, todo dentro de los límites de lo convenido en el Tratado: Estabilidad en las inversiones extranjeras y nacionales y libre competencia. Cabe anotar que este mercado no está exento de competencias extranjeras que puedan establecerse en el país. Sin embargo, es en este contexto en que la innovación adquiere gran trascendencia, pues constituye la herramienta adecuada para marcar un nivel de competencia y productividad: fabricar nuevos productos y satisfacer las necesidades de consumidores, cada día más exigentes.
TAN RICO, TAN POBRE
Por
Diego Fdo. Ramírez Hincapie.
Colombia ha estado sumergida en una violencia política durante más de cincuenta años. Y aunque parezca un lapso demasiado prolongado, no ha sido suficiente para determinar la esencia de un conflicto interno cuyas formas se han discutido de mil maneras, pero cuyo fondo no se ha logrado alcanzar. ¿Incompetencia? ¿Miedo? ¿Indiferencia? Yo me voy por la última opción; Este es un país en el que “esto se ha vuelto muy peligroso” y en el que “por eso estamos como estamos”, pero al mismo tiempo “qué mas se puede hacer…” y en algunas ocasiones “deberían de hacer algo…”, un país que pide a gritos dejar de ahogarse pero que le cuesta salir del agua.
Las causas del conflicto son, en realidad, diversas: injusticias sociales, inconformidad política y/o económica, y las ganas de luchar por un ideal… el que sea, pero ideal; claro está, no todos con el mismo ímpetu y vehemencia que se merecen. El punto no es el conflicto en sí, por supuesto. Es la manera como se desarrolla y lo que se obtiene a partir de él: Este es el problema de Colombia. Hemos sido perturbados por una era de violencia que ha desangrado al país, sin dejar más que situaciones dramáticas de compatriotas destinados al olvido. Pregunto, entonces, ¿Por qué repetir el libreto? Es imprescindible acabar con el teatro de la guerra. Lo anterior no es acabar a las FARC, al ELN o a los paramilitares. Con esto no hago significar una falta de responsabilidad de estos actores armados frente a la realidad del país. Son delincuentes⁴, sí. Pero esto no justifica la estigmatización a la que son juzgados como “los malos del paseo”, cuando nos vemos frente a una situación de dominación y de “exploración” por parte de organizaciones que ven en Colombia un país estratégico para el cumplimiento de sus intereses: LAS MULTINACIONALES. No se necesita llevar un fusil a espaldas para convertirse en uno de los principales y nuevos agentes del conflicto armado colombiano. No es un actor del conflicto de manera directa, en cuanto no empuña un arma en las confrontaciones que se presentan; pero es uno de los principales gestores de su continuidad, e incluso, lo utiliza como medio o motor de los diferentes proyectos económicos a los que le apuesta. El proceder es sencillo: Estas empresas trasnacionales se asocian con grupos paramilitares y los financian a cambio de contrarrestar posibles acciones subversivas frente a sus lugares de interés, proclives al conflicto. Tal y como lo dijo Freddy Rendón ‘El Alemán’ en una entrevista: "Para nadie es un secreto, especialmente en la zona de Urabá (noroeste), que las multinacionales pagaban esos recursos por intermedio de una corporación para el tema de seguridad". Y tenía razón. No es refutable, no se discute. Chiquita Brands aceptó haber otorgado a estos grupos cerca de 1.5 millones de dólares, por cuestiones de seguridad. Un secreto público.
Resulta ser mayor la magnitud del problema cuando, además de alianzas con este grupo armado, se presenta corrupción política y administrativa, también aliadas a las corporaciones internacionales; su labor, lograr impulsar e implementar reformas que permitan los procesos de inversiones extranjeras sin barreras de ningún tipo.
¿Qué pasa con el estado-nación, característico de toda sociedad democrática? ¿Dónde queda plasmado a lo que tenemos y no derecho? ¿A nuestra libre participación política? ¿A un patrimonio social, cultural? ¿Lo tenemos? Quizá. Pero se ha visto opacado por esta forma arbitraria de dictar sobre el destino de toda una nación, que permanece en vilo frente a lo que pueda venir, frente a lo que le puedan causar, frente a lo que le puedan quitar. ¿Cómo pensar entonces en una Colombia sin corrupción, sin criminalidad y sin narcotráfico, si paradójicamente es un eslabón más del negocio?
Colombia es vista, entonces, como “un diamante en bruto” al que todos pueden sacarle provecho, menos él mismo. Y lo que es peor: quienes sufren los estragos de este objetivo de guerra son las comunidades indígenas, a quienes se les viola el derecho inalienable de vivir libres y en paz, al tiempo que se les desconoce los arraigos sentimentales que pueden sentir por una determinada tierra, cuando las multinacionales “piden” abandonarlas. El desplazamiento de estas personas aumenta con cada encuentro armado; un despojo del que a cuestas podemos servir.
No es posible concebir que casos como los de las zonas del pacífico y del llano hagan parte de un diario “vivir” de los colombianos. No es posible pensar en ser el motor de proyectos económicos de productividad, que pasan por alto los más mínimos valores morales de una comunidad y de toda una nación. No es el modelo económico, no es el gobierno. Son los estragos que puede sentir una sociedad cuando se le utiliza para hacer negocios, sumando a ello la mala distribución de los ingresos que se producen. Se valen de múltiples recursos para propiciar acciones de desplazamiento, que se subyace en desprestigiar. Desprestigiar las empresas estatales, los partidos políticos y el quehacer político. Esto crea que las instituciones del Estado se debiliten y se pueda dar a paso tanto a la privatización global como a la inversión cien por ciento de capital extranjero en proyectos de producción.
¿Y el paramilitarismo? ¿La guerrilla? ¿El Estado? ¿La corrupción política? Sí, todos ellos han desangrado el país, han perturbado la tranquilidad de toda una nación. ¿Quién es peor? O mejor aún, ¿Cómo se caracteriza el ser peor? En un país en que se violan todo tipo de derechos resulta complicado, más que complicado el determinar qué es más aberrante. No quiero hacer significar a las multinacionales como menos o más que los otros agentes del conflicto. Lo menciono por su reciente aparición y hechos ocurridos. Pero algo sí digo con plena certeza: Colombia no puede convertirse en la materia prima de empresitas que desconozcan su soberanía nacional y su gente, el respeto por sus recursos y su cultura. Los intereses particulares y la implantación de proyectos económicos que permitan la adquisición del poder, no puede y no debe traducirse para la población en una ola de violencia que constituya una realidad incesante y en la que se desconocen los derechos de una sociedad libre y en paz.
¿Cómo resolver, entonces, el conflicto? La respuesta a esta pregunta implica una complejidad impensable. Hablamos de un conflicto de más de 50 años, que ha instaurado desde su surgimientos, nuevos ideales políticos, sociales, morales y económicos. Un país de un poco más de 40 millones de habitantes y cuya guerra ha sido principalmente gestionada por un poco menos de 200 mil. No es por esto extraño que un país en que la mayoría son “ajenos” al conflicto, se viva en medio de la violencia y al mismo tiempo de la felicidad aparente y pasajera.
Quizá cuando hablemos de equidad social, de una paz incluyente y no de privilegios, podremos acercarnos a lo que en realidad es la paz; no una entelequia politiquera electoral como siempre se ha utilizado. Hablo de un país que acoja a mujeres, negros, indígenas, campesinos, trabajadores, niños; un país en el que quepamos todos los que hemos sido ignorados por la clase política y empresarial que han construido un país a la medida de sus intereses lucrativos.
Colombia, un país tan rico en gente, recursos, biodiversidad… pero tan pobre en soberanía e identidad nacional.
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4 Según la Real Academia Española, aquello que delinque.
Diego Fdo. Ramírez Hincapie.
Colombia ha estado sumergida en una violencia política durante más de cincuenta años. Y aunque parezca un lapso demasiado prolongado, no ha sido suficiente para determinar la esencia de un conflicto interno cuyas formas se han discutido de mil maneras, pero cuyo fondo no se ha logrado alcanzar. ¿Incompetencia? ¿Miedo? ¿Indiferencia? Yo me voy por la última opción; Este es un país en el que “esto se ha vuelto muy peligroso” y en el que “por eso estamos como estamos”, pero al mismo tiempo “qué mas se puede hacer…” y en algunas ocasiones “deberían de hacer algo…”, un país que pide a gritos dejar de ahogarse pero que le cuesta salir del agua.
Las causas del conflicto son, en realidad, diversas: injusticias sociales, inconformidad política y/o económica, y las ganas de luchar por un ideal… el que sea, pero ideal; claro está, no todos con el mismo ímpetu y vehemencia que se merecen. El punto no es el conflicto en sí, por supuesto. Es la manera como se desarrolla y lo que se obtiene a partir de él: Este es el problema de Colombia. Hemos sido perturbados por una era de violencia que ha desangrado al país, sin dejar más que situaciones dramáticas de compatriotas destinados al olvido. Pregunto, entonces, ¿Por qué repetir el libreto? Es imprescindible acabar con el teatro de la guerra. Lo anterior no es acabar a las FARC, al ELN o a los paramilitares. Con esto no hago significar una falta de responsabilidad de estos actores armados frente a la realidad del país. Son delincuentes⁴, sí. Pero esto no justifica la estigmatización a la que son juzgados como “los malos del paseo”, cuando nos vemos frente a una situación de dominación y de “exploración” por parte de organizaciones que ven en Colombia un país estratégico para el cumplimiento de sus intereses: LAS MULTINACIONALES. No se necesita llevar un fusil a espaldas para convertirse en uno de los principales y nuevos agentes del conflicto armado colombiano. No es un actor del conflicto de manera directa, en cuanto no empuña un arma en las confrontaciones que se presentan; pero es uno de los principales gestores de su continuidad, e incluso, lo utiliza como medio o motor de los diferentes proyectos económicos a los que le apuesta. El proceder es sencillo: Estas empresas trasnacionales se asocian con grupos paramilitares y los financian a cambio de contrarrestar posibles acciones subversivas frente a sus lugares de interés, proclives al conflicto. Tal y como lo dijo Freddy Rendón ‘El Alemán’ en una entrevista: "Para nadie es un secreto, especialmente en la zona de Urabá (noroeste), que las multinacionales pagaban esos recursos por intermedio de una corporación para el tema de seguridad". Y tenía razón. No es refutable, no se discute. Chiquita Brands aceptó haber otorgado a estos grupos cerca de 1.5 millones de dólares, por cuestiones de seguridad. Un secreto público.
Resulta ser mayor la magnitud del problema cuando, además de alianzas con este grupo armado, se presenta corrupción política y administrativa, también aliadas a las corporaciones internacionales; su labor, lograr impulsar e implementar reformas que permitan los procesos de inversiones extranjeras sin barreras de ningún tipo.
¿Qué pasa con el estado-nación, característico de toda sociedad democrática? ¿Dónde queda plasmado a lo que tenemos y no derecho? ¿A nuestra libre participación política? ¿A un patrimonio social, cultural? ¿Lo tenemos? Quizá. Pero se ha visto opacado por esta forma arbitraria de dictar sobre el destino de toda una nación, que permanece en vilo frente a lo que pueda venir, frente a lo que le puedan causar, frente a lo que le puedan quitar. ¿Cómo pensar entonces en una Colombia sin corrupción, sin criminalidad y sin narcotráfico, si paradójicamente es un eslabón más del negocio?
Colombia es vista, entonces, como “un diamante en bruto” al que todos pueden sacarle provecho, menos él mismo. Y lo que es peor: quienes sufren los estragos de este objetivo de guerra son las comunidades indígenas, a quienes se les viola el derecho inalienable de vivir libres y en paz, al tiempo que se les desconoce los arraigos sentimentales que pueden sentir por una determinada tierra, cuando las multinacionales “piden” abandonarlas. El desplazamiento de estas personas aumenta con cada encuentro armado; un despojo del que a cuestas podemos servir.
No es posible concebir que casos como los de las zonas del pacífico y del llano hagan parte de un diario “vivir” de los colombianos. No es posible pensar en ser el motor de proyectos económicos de productividad, que pasan por alto los más mínimos valores morales de una comunidad y de toda una nación. No es el modelo económico, no es el gobierno. Son los estragos que puede sentir una sociedad cuando se le utiliza para hacer negocios, sumando a ello la mala distribución de los ingresos que se producen. Se valen de múltiples recursos para propiciar acciones de desplazamiento, que se subyace en desprestigiar. Desprestigiar las empresas estatales, los partidos políticos y el quehacer político. Esto crea que las instituciones del Estado se debiliten y se pueda dar a paso tanto a la privatización global como a la inversión cien por ciento de capital extranjero en proyectos de producción.
¿Y el paramilitarismo? ¿La guerrilla? ¿El Estado? ¿La corrupción política? Sí, todos ellos han desangrado el país, han perturbado la tranquilidad de toda una nación. ¿Quién es peor? O mejor aún, ¿Cómo se caracteriza el ser peor? En un país en que se violan todo tipo de derechos resulta complicado, más que complicado el determinar qué es más aberrante. No quiero hacer significar a las multinacionales como menos o más que los otros agentes del conflicto. Lo menciono por su reciente aparición y hechos ocurridos. Pero algo sí digo con plena certeza: Colombia no puede convertirse en la materia prima de empresitas que desconozcan su soberanía nacional y su gente, el respeto por sus recursos y su cultura. Los intereses particulares y la implantación de proyectos económicos que permitan la adquisición del poder, no puede y no debe traducirse para la población en una ola de violencia que constituya una realidad incesante y en la que se desconocen los derechos de una sociedad libre y en paz.
¿Cómo resolver, entonces, el conflicto? La respuesta a esta pregunta implica una complejidad impensable. Hablamos de un conflicto de más de 50 años, que ha instaurado desde su surgimientos, nuevos ideales políticos, sociales, morales y económicos. Un país de un poco más de 40 millones de habitantes y cuya guerra ha sido principalmente gestionada por un poco menos de 200 mil. No es por esto extraño que un país en que la mayoría son “ajenos” al conflicto, se viva en medio de la violencia y al mismo tiempo de la felicidad aparente y pasajera.
Quizá cuando hablemos de equidad social, de una paz incluyente y no de privilegios, podremos acercarnos a lo que en realidad es la paz; no una entelequia politiquera electoral como siempre se ha utilizado. Hablo de un país que acoja a mujeres, negros, indígenas, campesinos, trabajadores, niños; un país en el que quepamos todos los que hemos sido ignorados por la clase política y empresarial que han construido un país a la medida de sus intereses lucrativos.
Colombia, un país tan rico en gente, recursos, biodiversidad… pero tan pobre en soberanía e identidad nacional.
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4 Según la Real Academia Española, aquello que delinque.
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